Misión: enseñar a votar…

Feb 11, 2025 | Entre periodistas

Héroes anónimos de la democracia. Los capacitadores de la ONPE recorren lugares donde el Perú parece haber perdido su DNI.
Equipo de redacción

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Alumnos de diversas universidades comparten sus mejores productos periodísticos, como inicio de su carrera profesional.

Por: Martín Carranza G.

“Cada país tiene el gobierno y el periodismo que se merece”, nos decía Guillermo Thorndike (tras echarle más Acholado a su Capitán), reinterpretando al francés Joseph de Maistre, opositor radical de la Revolución Francesa (“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”), en nuestras noches de cierre y pisco, en un periódico limeño. Esas jornadas eran escuela para conocer este Perú de poderes cruzados y luchas ideológicas. También para conocer personajes no ‘de portada’, pero valiosos. La democracia tiene héroes y villanos. Muchos conocidos. Otros, en especial los más valiosos, no tanto. Como aquellos que deben “enseñar a votar” a ciudadanos que Perú prefiere colocar bajo la alfombra, los peruanos de zonas lejanas. Son los capacitadores de la ONPE, quienes viajan en bus, caballo, burro, llama o canoas, para llevar el material electoral y enseñarle a ese poblador -recordado solo en Elecciones- que tiene derecho a elegir. Héroes anónimos de nuestra vapuleada democracia.

Flor Haro es periodista, reportera gráfica, cuajada en la prensa y la calle. Además, comparte su vida con su rol de capacitadora, en el equipo de comunicadores de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con mayor incidencia en campañas en el interior del país. Este trabajo curte más su experiencia periodística, al llevar materiales electorales, organizar equipos, instalar mesas y monitorear la educación de pobladores que, en muchos casos, no son conscientes que tienen el poder de elegir a sus gobernantes. O lo olvidaron, por la decepción total que le generaron aquellos a quienes eligieron antes. O, en muchos casos, ni siquiera saben que tienen ese derecho.

Si hablamos de héroes de la democracia, un sitial deben tenerlo estas personas que saben lo complicado que es, geográficamente, nuestro país. Flora ha realizado diversas labores en ONPE, desde capacitadora a coordinadora de mesa o de centros poblados. Y en tiempos menos serenos que los actuales, en que el Perú aún sentía en la nuca el aliento frío de la muerte, a causa del terrorismo y el narcotráfico, escuchar sus historias es un ejemplo de cómo estas personas merecen ser vistas como héroes.

Flora recuerda momentos especiales: “He tenido vivencias tremendas en el interior del país. Junto con el equipo, en muchos casos compuesto por jovencitos, hemos sorteado peligros para llegar a lugares inhóspitos. La consiga es llegar. Me tocó viajar en burro, llama, canoas, peque-peques, pero ahí estamos. En una zona de la Amazonía salíamos de un colegio y olvidamos sacarnos nuestros chalecos. Nos abordó un grupo de narcoterroristas. Aunque terminé con la cabeza rota, salvamos la vida porque un grupo de pobladores nos defendió, diciendo que solo veníamos a informarles sobre las Elecciones. La vimos cerca”.

Así como riesgo, también hay gratificaciones que marcan el espíritu. Como cuando enseñas a votar a peruanos que nunca lo han hecho, peruanos desconectados de su peruanidad. “No olvidaré esa jornada con una comunidad chayahuita, indígenas a la ribera del río Paranapura, San Martín, una tribu que nunca había votado. Para que nos reciban debíamos tener aprobación de sus apus. Tras días de viaje llegamos, no podíamos comunicarnos, a pesar del traductor, ya que las pautas indicaban que debíamos usar material oficial, el cual no entendían. Y debíamos estar a dos metros de ellos, pues nos veían como riesgo de contagio de enfermedades. Con paciencia, dibujos y ayuda de ellos mismos, hicimos una bella jornada y pudimos instalar nuestras mesas, pero, además, enseñarles que son peruanos… con derechos”, agrega.

Recorrer el Perú en las campañas previas a toda jornada electoral deja enseñanzas únicas. Nuestra entrevistada evoca más recuerdos: “A veces no dormimos porque vamos de poblado en poblado, ahí ves en su total dimensión lo compleja de nuestra geografía, hemos viajado arriba de camiones cargados de madera, bajar de una canoa para tomar un helicóptero o pasar un día entero caminado entre trochas, con los materiales electorales. Así como hay decepciones, gente que no valora o complica nuestro trabajo, también nos revitalizamos al conocer gente buena, que nos ayuda, alojan, muchas veces nos cuidan. En cada jornada recordamos a más de un compañero que ha sufrido ataque, incluso perdido la vida, cumpliendo su labor. Más cuando vivíamos los años del terrorismo”.

Y es imposible evitar que, escuchar las historias de Flora, nos mande al pasado, al poblado de Chuschi (Cangallo, Ayacucho), a aquél 17 de mayo de 1980, cuando se realizó el -considerado- “primer atentado terrorista” de Sendero Luminoso: la quema de ánforas y material electoral, la noche previa a las elecciones que ganaría Fernando Belaúnde Terry y marcaban el retorno del Perú a la democracia, tras el régimen militar.

La historia registra que un comando senderista amenazó a Florencio Conde, cuidador del material electoral en el depósito municipal. Años después, su hijo Julio César Conde, hoy profesor, narraría en su libro “El lunar rojo del mundo” que realmente su padre no estuvo en ese momento, pues se había ido a beber con su amigo. Lo dejó a él (tenía 10) y a su hermano Bernardo (12) cuidando las ánforas y planillones, cuando los senderistas les quitaron el material para quemarlo.

La quema de ánforas en Chuschi es símbolo no solo de la historia peruana, de la insania del terrorismo, ahondado con los excesos del Estado, sino también del riesgo que siempre acompaña a quienes llevan servicios básicos a aquellos peruanos considerados “de segunda clase”, por no ser parte de la soberbia Lima, en este país, muchas veces, ingrato e inhumano con sus propios hijos…

Publicado

febrero 11, 2025

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